Adultez Intermedia: Crisis de la madurez y propuesta de reencuentro en la pareja.

19 Abril 2015

Uno de los grandes cambios en la sociedad mexicana y más pronunciados durante el siglo XX fue el de su situación demográfica, ya que actualmente somos 112, 337 millones de mexicanos.

Por Mtra. Mayra Sánchez García. Directora Administrativa Universidad CEUNICO.

En nuestro país coexisten generaciones de abuelos que alcanzan los setenta años, que conviven con sus hijos y nietos debido a que la esperanza de vida para los habitantes ha aumentado: la edad promedio para morir, antes de 1920 era de alrededor de los 50 años, y hoy en día la esperanza de vida de los mexicanos es cercana a los 76 años. Al concluir la adolescencia e iniciar la juventud temprana, los jóvenes ya construyeron un proyecto de vida que pudo haber incluido metas más o menos ambiciosas y en relación a este proyecto o a la ausencia del mismo, tomaron decisiones en orden a sus creencias y valores personales, que juzgaron importantes y que fueron definitorias para la vida de ellos en ese momento. De modo que al alcanzar la segunda década de la vida, las tareas a lograr al finalizar este periodo (intimidad o capacidad de relacionarse y compartir con otro, alcanzar la madurez sexual y construir una identidad definida en cuanto a vocación o elección de estado de vida) ya han sido cumplidas. A la siguiente década, la de los treinta, podríamos nombrarla como la época de la primera cosecha. Pues en ella se recogerán los frutos de lo sembrado.

Es la mujer, quien más reciente el cambio en la adultez intermedia, debido al bagaje histórico de opresión y machismo imperante en la sociedad, a lo largo de la evolución de las estructuras sociales, por ello, es ella quien en la edad mediana comienza a cuestionarse acerca de los estándares sociales marcados y se pregunta ¿valió la pena lo que elegí para mi vida? ¿Valió la pena casarme?, ¿dejar mi carrera para cambiar pañales?, ¿he logrado algo propio?, ¿y si todo se acaba, que haré yo? La mujer posmoderna se cuestiona su misión como madre y esposa desde una posición extremadamente igualitaria con el hombre y de gran individualismo. Comienza una carrera de competencia con el varón y surge la rivalidad. Se hacen enemigos, preguntándose quien pone más de los dos, quien da más en la relación. Reclamando las diferencias, sin buscar la complementariedad. En el proceso de individuación, cuando la pareja retoma el plan de vida personal que por razones de la simbolización con la pareja había dejado de lado, su crisis existencial se hace patente. La mujer que comienza su etapa de la edad mediana (entre los 35 y 45 años) a evaluar lo logrado sobre lo planeado, y la balanza le es desfavorable, comienza a pensar tanto en sí misma y el sentido que le ha dado a su vida, que ensimismada olvida que su plenitud como mujer estriba en ser el corazón de la familia, un faro moral para sus hijos, un hogar cálido para su esposo, más bien le importa ser como las demás, ser como todas, cubrir sus necesidades personales de éxito, reconocimiento, dinero y placer que la familia que formó. En el hombre de edad mediana factores como el desánimo, el aburrimiento, la rutina, el desencanto, los pleitos o la ausencia de ellos, la falta de diálogo, la falta de valores e intereses compartidos, las expectativas no cumplidas, van haciendo mella en la relación de diez o quince años. Las infidelidades, las indiscreciones, las criticas, el desamor y desatención, la falta de romance van amargando la vida, si a eso añadimos las dificultades de crecimiento de los hijos y la situación económica que ha golpeado a muchos hogares, tenemos un cóctel perfecto para el resquebrajamiento moral de la familia y la pareja. Muchos hombres y mujeres han perdido sus empleos, no consiguen ingresos estables, las mujeres en esta coyuntura, pueden tener la tentación de realizar un cambio de roles que lejos de beneficiar perjudica a la familia, al quitar su lugar de autoridad al marido por razones económicas, denigrándolo y abandonándolo emocional y físicamente a él y a sus hijos, este quizá sea el peor de los resultados de un feminismo radical mal entendido. Vemos que en el último milenio es la mujer quien más ha cambiado de la pareja. Estos cambios han trastocado a la familia y a la sociedad en general. Se espera mucho de la mujer y del hombre se espera poco o quizá la misma conducta que las mujeres vieron en su familia de origen. La alienación del progenitor es un lugar común: la madre haciendo comentarios nocivos acerca de la figura de los hombres, generalizando y odiando a la figura masculina, influye en la identificación psicosexual de los hijos que van creciendo con un solo progenitor. El empoderamiento de la mujer ha traído aparejada una desvalorización del papel del hombre como proveedor, compañero de vida y padre responsable. El crecimiento de uniones libres va en aumento, hoy menos mujeres se casan, y de las que se casan muchas pedirán el divorcio necesario. El número de madres solas o solteras por elección en el país alcanza ya los once millones de mujeres de los 57 millones de féminas registradas.

La mujer- madre fuera del hogar

La ausencia de la madre en el hogar, a veces no por necesidad económica, sino por razones egocéntricas da por resultado la desatención del mismo, de los hijos y del esposo, que viven con la sensación de no ser lo más importante en la vida de ella, con soledad y desintegración que pone en riesgo el sano desarrollo de la identidad personal e integridad moral de los miembros de la familia. La pregunta del esposo y de los hijos es ¿y yo que hago en casa si ella no está? El hombre posmoderno se siente abandonado, apático, devaluado, enojado y sobrepasado pues la mujer le ha quitado su lugar en la familia, cuando la mujer no lo toma en cuenta para las decisiones importantes que le conciernen a ambos tomar, al igual que en el machismo, el feminismo radical ha dañado profundamente la unión familiar y la identidad del hombre y sus hijos en relación a la sociedad. Roadinesco ha llamado a la familia del tercer milenio como la familia en desorden: en el sistema familiar lo que pasa a un miembro afecta a todos los demás. Así, una madre deprimida y un padre ausente afectarán a los hijos e influirán en su modelo de pareja repitiendo el patrón o alejándose tanto que les es difícil concebir el matrimonio como una institución posible. La familia necesita un orden, una jerarquía, tomar decisiones consensadas, así como un proyecto común, mientras se observan los proyectos individuales para cada uno de sus miembros favoreciendo cierta autonomía y respeto que enriquezca las relaciones familiares (3). No importa el número de parejas, divorcios, cambios de padres que sufran los hijos en aras de la propia libertad y derecho a ser feliz y sentirse enamorados. Esta falta de afecto y compromiso con los hijos, provoca la ausencia de lo que se llama piedad filial: amor con amor se paga, desamor con desamor se paga. Así tenemos hijos del tercer milenio con padres ausentes pero vivos, que se sienten huérfanos y con un profundo sentimiento de odio hacia los padres que divorciados y enmedio de sus crisis no pensaron nunca en ellos, en sus necesidades de afecto y acompañamiento al que tenían derecho. Romper la pareja es romper a los hijos inocentes. Muchas veces ellos son utilizados para atacar a la pareja. Al llegar a la edad de las desilusiones, entre los 35 y 45 años, muchos matrimonios con hijos adolescentes se rompen también, algunos autores llaman a esta edad la segunda adolescencia, dado que también comienzan los cambios hormonales y de humor, tanto en hombres como mujeres, o bien cuando los hijos se van de casa y el nido queda vacío la madre se va con ellos dándose cuenta que en la relación le importan más los hijos que el marido, por su parte el varón al hacer la comparación de lo deseado con lo alcanzado puede reconsiderar su vida y decidir comenzar de nuevo alejándose de su hogar, muchas parejas no logran sobrepasar este momento vital del ciclo de la familia y la pareja.

Como propiciar el reencuentro

Si bien es cierto que el proyecto de vida personal es importante, también es cierto que el plan de pareja le da estabilidad a la pareja, pasada las etapas de simbiosis e individuación, la pareja puede estabilizarse y crecer junta hasta formar un nosotros más sólido. Definir los roles y papeles de cada uno como esposa y esposo, tratándose con igual dignidad y respeto, es la base para la convivencia armónica. Vencer el egoísmo y la rivalidad, así como la soberbia, capacita al ser humano para el amor transformado en servicio. Crecer implica evaluar objetivamente los aspectos positivos y las diferencias complementarias entre varón y mujer. Establecer una sana interdependencia y una comunicación abierta de las necesidades personales es una vía para el entendimiento mutuo. Convivir y disfrutar juntos espacios de distracción, alegría, juego y camaradería es importante. Sonreír y ser felices juntos tanto como solos o con otras personas habla del bienestar personal que como personas se puede aportar para construir una relación sana y feliz. Finalmente tomar en cuenta la fe, la espiritualidad y los principios morales como la ley del amor, puede hacer la diferencia entre un matrimonio que continúa en ruta y otro que es vencido por la angustia y la competencia que inunda la sociedad de consumo que ve al matrimonio y a la familia como productos desechables y al que casi no se le asigna ningún valor ni responsabilidad trascendental y espiritual. Humanamente es de suma importancia reconocer las diferencias culturales que existen entre hombres y mujeres del siglo XXI, sus valores y disvalores personales, incluso las diferencias a nivel neuropsicológico y físico para poder entenderse como pareja, aprender a comunicarse adecuadamente para compartir quienes son y que esperan uno de otro, sobre todo esclarecer y no negar los patrones parentales y modelos de familias que ambos traen introyectados y que pueden afectar la salud de la pareja en cualquier etapa de la vida, especialmente si no ha ocurrido una separación positiva de la familia de origen a nivel psicológico. Reconocer las ideologías de género que tanto dañan las relaciones positivas entre hombres y mujeres es sumamente importante(4) Pero sin lugar a dudas, uno de los aspectos más olvidados en las relaciones de pareja es la atención al área espiritual: los autores comentan que cuando una pareja comparte una vida llena de actos espirituales comunes, surge en ellos un lazo especial que los une en alma, cuerpo y espíritu, de ahí que se recomiende a las parejas la vivencia de momentos sólo para ellos en la vivencia de retiros conyugales en donde el encuentro con ellos como pareja y Jesucristo les devuelva la esperanza y la alegría del primer beso, y que como en las bodas de Caná se renueve el vino del amor conyugal, y así a través de la oración y de una autentica espiritualidad conyugal ambos renueven las fuerzas para continuar unidos en el matrimonio salvando las dificultades naturales de los procesos de crecimiento y maduración personal, poniendo como centro del hogar a Jesús, se pone al amor al centro de la pareja y la familia echando fuera el rencor, el odio, el egoísmo y la maldad.

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

Llorente G. Isabel . Situando a la mujer, reivindicando al varón. 1ª edición. México ,2011. P. 22-48
Revista Contenido. Mes de marzo 2012. Artículo El mapa de la fe en México y Benedicto XVI. P-37
Gray John. Los hombres son de marte y las mujeres de Venus. 57 ava. Edición. Edit. Oceáno. México,2000. P. 239-309
Stecca de Alvizua Cristina. Cerrando los ciclos vitales , como aprender de las experiencias. Edit. Pax, México, 2004. P. 29 -40

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